pelo y tabaco

Está más que comprobado: el tabaco daña casi todos los órganos del cuerpo. Las evidencias son tan rotundas que nadie, ni siquiera el fumador más empedernido, duda de que “fumar perjudica seriamente la salud”. El tabaco está implicado en un buen número de enfermedades y afecta a todos los órganos y sistemas corporales; no hay que olvidar que el humo procedente de los cigarrillos accede directamente al torrente sanguíneo a través de los pulmones y “se pasea” por el sistema circulatorio, llegando así a todas las partes del cuerpo… incluido el cabello.

Las últimas noticias sobre la incidencia de enfermedades a causa del tabaco han confirmado que los fumadores tienen un riesgo mayor de desarrollar diabetes, que la nicotina puede exacerbar el cáncer de mama; que muchos de los lapsus de memoria que se atribuyen a la edad podrían tener su origen en el hábito tabáquico… Pero sin duda, el más comprobado de los efectos del tabaco en el organismo es el cáncer de pulmón. Según los resultados presentados en el último congreso de la Sociedad Europea de Respiratorio, existe una asociación directa entre este tipo de tumor (el más frecuente y, también, el más evitable) y el tabaco en el 92 por ciento de los casos.

Pero hay otros órganos, en principio menos “implicados” en el mecanismo de acción de la nicotina, que se deben tener en cuenta al hablar del tabaco y sus consecuencias, ya que también acusan sus efectos, y ese es el caso de la piel y el cabello. Tal y como explican los expertos de la Academia Española de Dermatología, ambos están expuestos a los efectos del tabaco de dos formas: una directa, por contacto con el humo ambiental, lo que en el caso del cabello se traduce en una pérdida de brillo y vitalidad y una mayor sequedad de su capa más externa; y otra indirecta, por la llegada a través de la vía sanguínea de las sustancias procedentes del humo inhalado, las cuales pueden afectar la correcta nutrición del folículo piloso, ya que la nicotina produce vasoconstricción y una disminución de la circulación periférica. Está demostrado que fumar un cigarrillo produce vasoconstricción (reducción de la cantidad de sangre que llega a venas y arterias) durante 90 minutos y que cada cigarrillo que se fuma supone una disminución del flujo sanguíneo de hasta un 42 por ciento.

También hay que tener en cuenta que el hecho de no tener el hábito de fumar  no nos libra del tabaco y sus consecuencias; cada vez son más las evidencias de los efectos del humo en el organismo que padecen los llamados fumadores pasivos. Entre estos efectos se encuentran el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas, las cardiopatías, el asma, la alergia… Y, también, una peor salud capilar.

El tabaco perjudica seriamente a tu pelo

Los problemas de pelo por fumar también están relacionados con la estrecha relación que existe entre los tóxicos contenidos en el cigarrillo, principales responsables de las enfermedades a causa del tabaco, y las hormonas del organismo. Se sabe, por ejemplo, que la nicotina altera los mecanismos implicados en la producción de estrógenos, lo que da lugar a una mayor sequedad y atrofia cutánea, la cual puede afectar a su vez  al cuero cabelludo. Además,  hay evidencias de que el consumo de tabaco podría  aumentar la producción de andrógenos (hormonas masculinas), entre ellos la testosterona, lo que podría tener un efecto directo sobre los folículos y más concretamente en el desarrollo de las células en las que tienen origen las fibras pilosas, lo que podría estar relacionado con un debilitamiento del pelo por fumar.

Las investigaciones realizadas sobre los efectos a nivel capilar de la nicotina y los otros tóxicos contenidos en el tabaco (alrededor de 4.000, entre gases y sustancias químicas) han dejado claro que se produce un daño en los folículos situados en el cuero cabelludo. Y, lógicamente, unos folículos que no están sanos producen un nuevo cabello de peor calidad, más débil, fino y quebradizo. A ello hay que unir otra evidencia: los estudios han vinculado el hábito tabáquico con una mayor presencia de la hormona DHT (dihidrotestosterona), directamente relacionada con la caída capilar.

Por otro lado, es sabido que las personas fumadoras suelen presentar déficits de ciertas vitaminas como la C y la E, de propiedades antioxidantes y muy importantes para mantener las células (incluidas las del cuerpo cabelludo) en condiciones óptimas para hacer frente a los efectos negativos de los factores medioambientales y el envejecimiento. Estos déficits suelen estar detrás de muchos casos de cuero cabelludo seco y descamado así como de la hiperproducción de grasa. Los tóxicos del tabaco también aceleran la destrucción del colágeno y la elastina, proteínas naturales responsables de la correcta estructura tanto de la piel como del cabello.

Pelo gris por el tabaco

Por si estos datos no fueran lo suficientemente disuasorios, los resultados de una investigación, publicados en la prestigiosa revista British Medical Journal, vinculan el hecho de que el pelo se vuelva gris antes de tiempo al hábito tabáquico. Según este estudio, aunque la aparición de canas es un proceso directamente relacionado con la edad y tiene un componente genético, el color del cabello es el resultado de los pigmentos de melanina producidos por los melanocitos, y hay evidencias de que las sustancias contenidas en el tabaco pueden dañar esta producción celular, dando como resultado la generación de un pelo sin color…

Mal olor en el pelo y otros problemas relacionados con el tabaco

Menos “orgánicos” pero igual de negativos son otros efectos que el tabaco tiene en la apariencia del cabello: mal olor en el pelo, pérdida de brillo y una mayor facilidad para ensuciarse son los más destacables.

Para plantar cara o, al menos, minimizar estos efectos, la vía más efectiva es dejar de fumar. Y mientras se intenta y/o como complemento, es importante mantener el cabello siempre limpio, cepillarlo para eliminar los restos de tabaco del pelo y otros elementos “ensuciantes” derivados de la polución ambiental, masajear regularmente el cuero cabelludo, para favorecer la circulación sanguínea en esta zona y, con ello, asegurar el aporte de nutrientes que los folículos necesitan para generar cabellos sanos y complementar a través de la dieta las vitaminas y nutrientes “sustraídos” al organismo entre calada y calada. Tanto si se es fumador activo como si se está en contacto con el llamado “humo de segunda mano”, es aconsejable adoptar una serie de medidas para  paliar los efectos del  tabaco en el organismo: aumentar la ingesta de alimentos ricos en vitamina C, frutas frescas y verduras; practicar actividades al aire libre, para favorecer la oxigenación del organismo; y beber como mínimo dos litros de agua diarios, para asegurar la hidratación (el pelo y la piel de los fumadores tienden a resecarse) y potenciar la eliminación de toxinas.  Todo ello redunda en un cabello más sano y lleno de vitalidad.

Un apunte final: si se opta por el vapeo (uso de cigarrillos electrónicos) como plan B frente al cigarro tradicional, hay que saber que muchos de estos dispositivos también contienen nicotina y otras sustancias presentes en el tabaco, por lo que tampoco son una alternativa inocua ni para la salud… ni para el buen estado capilar.

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