3622542730_5f4c65cd45_zEl
pelo de los más pequeños suele ser un tema de preocupación frecuente para los padres.
Y esta preocupación comienza casi al minuto de nacer. Muchos niños nacen sin
rastro de pelo sobre sus cabezas; otros, en cambio, vienen al mundo con
auténticos tupés que en ocasiones resultan imposibles de peinar. El color del
cabello es otro “enigma” para muchos progenitores: niños que nacen con un
cabello muy oscuro se vuelven en pocos días rubios como el oro. La razón es que
tanto el color como la cantidad y el
grosor definitivo del cabello de los niños no se conocen hasta pasados unos
meses.

El
pelo del bebé es frágil, al menos en apariencia. Por regla general, hasta que el niño cumple
dos años suele tener menos cantidad de pelo que cuando es mayor, debido a que
hasta ese momento, la producción de queratina por parte del bulbo capilar es
más escasa.
Al aumentar la queratina, el cabello del niño “se espesa” y
adquiere su grosor y textura definitivas. Sin embargo, muchos padres observan
que, además de fino, el pelo de sus hijos crece poco o prácticamente nada, y se
preguntan sobre la posibilidad de que se trate de un niño con calvicie. En estos casos, es importante consultar con el
especialista, ya que el
crecimiento
lento del cabello
puede ser síntoma de alguna patología.
También es frecuente que los padres perciban una caída importante de pelo en
los primeros meses de vida del niño: es algo totalmente normal.

Otro
aspecto que preocupa es la calvicie que suele asociarse a las cicatrices en la
cabeza, bastante frecuentes en el caso de los niños a causa de golpes y caídas.
Es cierto que en la zona de la cicatriz
no vuelve a salir el cabello, pero la mayoría de las veces la cicatriz puede
quedar camuflada por el resto del cabello
. Si no es así o si el tamaño de la
cicatriz es considerable, se puede optar cuando el niño sea mayor por realizar
un
microinjerto
en la cicatriz
.

Hay padres que se preguntan si
otros problemas capilares típicos de los niños, como la
pediculosis
(piojos) o la
dermatitis
seborreica
,
pueden favorecer la caída de pelo
. En principio, no hay
ninguna relación, aunque en el caso de que algunas de estas alteraciones se
acompañen de una pérdida de cabello en el niño hay que consultar al pediatra.

Hay
que tener en cuenta que el cabello infantil necesita de una serie de cuidados
que aseguren no solo un buen aspecto sino también su correcto crecimiento. Por
ejemplo, es muy importante lavar y
cuidar el pelo de los bebés y los niños con productos específicos
.
Hay un amplio repertorio de gamas de cuidado capilar infantil que incluyen
champú, acondicionador y otros productos adaptados a las peculiaridades del
cabello de los más pequeños. Estos productos están especialmente formulados
para no agredir el cabello infantil, no irritan los ojos y son hipoalergénicos.

Para
peinarles, lo mejor es optar por cepillos de cerdas muy suaves o peines de
dientes separados y puntas redondas
. En el caso de los niños con el cabello
muy rebelde o ensortijado, funcionan muy bien los acondicionadores específicos
para este tipo de pelo, que facilitan mucho el peinado.

Al
igual que ocurre con el cabello de los adultos, es bueno para el pelo de los
niños cortarlo con regularidad
, para revitalizarlo y eliminar las puntas
abiertas. En definitiva, los cuidados capilares suponen un aspecto muy
importante de la higiene infantil que no hay que perder de vista.

Con
la adolescencia, muchos jóvenes, especialmente los chicos, comienzan a
preocuparse por la posibilidad de ser calvo
, sobre todo si su padre, su
abuelo
u otros parientes masculinos lo son. En aquellos casos en los que las entradas
hacen acto de presencia a edades tempranas, los expertos recomiendan recurrir a
productos y tratamientos que frenan la caída capilar y ponerse en manos de un
especialista. La
alopecia
en jóvenes
es más frecuente de lo que se cree
y, afortunadamente, tiene solución.

 

FOTO:
http://www.flickr.com/photos/theloushe/3622542730/

 

 

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