3680117846_76ae5faa89_b Se entiende por alopecia la caída patológica del cabello, que se diferencia de la caída normal, además de que en la cantidad de pelo perdido es mayor (lo normal es que se caigan unos 50-100 cabellos al día) en el hecho de que va acompañada de una menor densidad en el cuero cabelludo y una disminución del grosor del cabello.

Cuando se habla de la caída de cabello, siempre sale a relucir el concepto de alopecia estacional, esto es, la mayor pérdida de cabello en determinadas épocas del año, como el otoño. De hecho, el término alopecia, que fue acuñado por primera vez por Hipócrates, hace alusión al zorro (alopex), que pierde su pelaje en otoño y primavera. Se trata de un concepto muy debatido por los expertos, ya que la coincidencia entre estas estaciones y la alopecia no se trata de una relación causa-efecto, sino que tiene una explicación en el desarrollo habitual del ciclo capilar: la fase telógena o de caída suele coincidir con los meses de agosto y septiembre, coincidiendo con la llegada del otoño.

Son muchos los factores que intervienen o propician la caída de cabello: la herencia genética, el estrés, la alimentación (dietas desequilibradas, ausencia de determinados nutrientes), ciertas enfermedades (anorexia, hipertiroidismo), el estrés, el sol, la contaminación, el juego hormonal (embarazo, menopausia)… La edad juega también un papel importante, ya que a medida que cumplimos años, la cantidad de pelo y el grosor del mismo se van reduciendo debido a la disminución de la densidad de los folículos en el cuero cabelludo. Los alrededor de 1.100 folículos por centímetro cuadrado que tenemos al nacer se reducen a unos 250 en torno a los 50 años.

 Afortunadamente, hay un buen número de medidas efectivas para retrasar la alopecia: asegurar la limpieza del cuero cabelludo con un producto adaptado al tipo de cabello que se tenga; alternar el champú habitual con otro específico para prevenir la caída del cabello; aclarar el cabello con agua tibia, evitado la temperatura excesivamente caliente; minimizar el uso del secador; evitar las tracciones (cepillados agresivos, peinados demasiado tirantes…).

 En cuanto se perciba un incremento del número de cabellos que quedan adheridos en el peine o la almohada, lo mejor es ponerse en manos de un profesional. Los tratamientos convencionales que estos suelen recomendar para retrasar la alopecia van desde los suplementos a base de vitaminas (B y H y antioxidantes, principalmente) hasta la aplicación de lociones tópicas que consiguen básicamente tres objetivos: regular la grasa, ayudar a regenerar la queratina y activar la circulación del cuero cabelludo. También hay líneas de cuidado específicas para paliar los efectos de la edad en el cabello que pueden resultar efectivas en este sentido. Si la caída del cabello es importante, se aplican entonces tratamientos que, además de retrasar la alopecia, trabajan para recuperar el folículo piloso.

 Por tanto, e independientemente de la acción de factores que como los medioambientales, estacionales o la edad, cuyo control no está en nuestras manos, la mejor forma de retrasar la alopecia es ofrecer al cabello los cuidados que le aseguren un estado adecuado y, sobre todo, no bajar la guardia, actuando al menor síntoma.

 

Foto:   Javier Ignacio Acuña Ditzel

Etiquetado con →  
Compartir →