Las células del cuerpo humano han demostrado ser una auténtica “caja de sorpresas” en lo que a propiedades reparadoras de órganos y tejidos dañados se refiere. Y son precisamente esas propiedades en torno a las que se desarrollan buena parte de las técnicas de la medicina regenerativa, esto es, la que tiene como objetivo la regeneración de aquellas células corporales (presentes en órganos, tejidos, etc.) que no funcionan adecuadamente, utilizando para ello productos derivados del propio organismo. Es lo que se conoce como terapias autólogas, que se vienen aplicando desde hace tiempo con éxito en distintos campos médicos.

Concretamente en el ámbito de los tratamientos para el pelo, las últimas investigaciones sobre alopecia han apuntado a un tipo concreto de estas células corporales, las progenitoras, como una solución con excelentes perspectivas para prevenir y tratar la caída del cabello. Estas células se encuentran en cantidades importantes en zonas del cuerpo como el tejido adiposo (donde se acumula la grasa corporal) y la zona occipital de la cabeza (la nuca).

Las investigaciones realizadas al respecto han puesto en evidencia que estas células pueden tener efectos muy positivos sobre otro tipo de células, las de la papila dérmica, que se encuentran dentro de los folículos pilosos y que son las encargadas de regular tanto la formación de los mismos (núcleo a su vez del futuro cabello) como su ciclo de crecimiento. Se sabe que en los casos de alopecia, estas células del folículo piloso no funcionan adecuadamente, y es ahí donde las células progenitoras (en concreto, las procedentes del tejido adiposo) pueden jugar un papel muy importante.

Para ello, se recurre a técnicas muy novedosas que, a través de procedimientos específicos en los que se emplea la tecnología más puntera, consiguen extraer, diferenciar y “preparar” estas células regenerativas para, finalmente, aplicarlas mediante mesoterapia en el cuero cabelludo. Una vez allí, el potencial regenerativo de las células progenitoras tiene el efecto de “activar” o “revivir” a las células de la papila dérmica. Concretamente, se ha demostrado que estimulan la regeneración de nuevo cabello y, además, reducen la fase telógena (de caída) del ciclo capilar y aumentan la anágena (la de crecimiento).

No es la única terapia regenerativa que ha demostrado su efectividad en el abordaje de la alopecia. Desde hace ya un tiempo se viene aplicando , el plasma rico en plaquetas (PRP). Su fundamento es la utilización del poder regenerativo de los productos derivados de las plaquetas presentes en el plasma sanguíneo. Las plaquetas contienen un alto porcentaje de factores de crecimiento que, aplicadas sobre el cuero cabelludo, son capaces de iniciar por sí mismas el proceso de regeneración capilar (aumento de la vascularización de la dermis, estímulo de los cabellos en fase de crecimiento, mejora del estado de la cutícula y, como consecuencia, incremento de la densidad del cabello, entre otros efectos).

Además de los resultados positivos que ofrece, la gran ventaja de las técnicas de medicina regenerativa respecto a otras terapias es que, al utilizarse sustancias procedentes del propio paciente, no hay riesgo de rechazo ni efectos secundarios.

 

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