8020820411_c95f441525Muchas mujeres lo saben por propia experiencia: la alopecia no es exclusiva del género masculino. Una prueba evidente de ello es el número, cada vez mayor, de féminas que recurren a técnicas como el microinjerto para solucionar este problema. Lo que no todas saben es la estrecha relación que existe entre hormonas y caída de pelo. En efecto, esos mismos cambios hormonales que regulan el ciclo menstrual femenino, que hacen que “brote” literalmente la piel del rostro de algunas adolescentes; que desencadenan un auténtico torrente de cambios físicos y psíquicos durante el embarazo y que modulan los estados de ánimo en determinadas épocas, también tienen una importante repercusión en el comportamiento del ciclo del cabello y, de hecho, en no pocas ocasiones son los responsables últimos de la alopecia femenina.

Los cambios hormonales más frecuentes en las mujeres están desencadenados por las hormonas típicamente femeninas: progesterona, estrógenos… Sin embargo, en lo que a la alopecia femenina se refiere, la principal “protagonista” es la hormona  masculina por antonomasia: la testosterona, presente en pequeñas cantidades en el organismo femenino. Concretamente, en el caso de la alopecia androgenética, se sabe que debido a causas genéticas se produce un exceso de transformación de la testosterona en dihidrotestosterona (DHT), debido, a su vez, al exceso de una enzima implicada en esta reacción. Como consecuencia de ello, la DHT se une a los folículos pilosos, los debilita y dificulta el crecimiento del cabello, el cual cada vez se hace más fino y, finalmente, se cae.

Otro factor implicado en la alopecia femenina y, más concretamente en el hecho de perder pelo en la menopausia, es el proceso mismo del envejecimiento femenino, responsable de un descenso importante de los niveles de estrógenos. La disminución de los niveles de esta hormona es responsable, además de los síntomas característicos del climaterio femenino (sofocos, insomnio, aumento de peso…), de que el estado del pelo femenino sufra un deterioro en forma de debilitamiento, menor densidad y grosor y pérdida de brillo.

Además de los cambios hormonales implicados en el ciclo vital de las mujeres, hay otras hormonas que de forma circunstancial pueden influir también en la caída del cabello femenino. Es el caso del cortisol, también conocida como hormona del estrés. Está demostrado que en épocas de mucha tensión nerviosa, o tras una experiencia emocional intensa o traumática (situaciones en las que los niveles de cortisol se disparan), la tendencia del cabello a caerse es mayor. La razón es que el estrés afecta al funcionamiento del organismo en general, incluido el ciclo de crecimiento capilar, lo que produce un debilitamiento del cabello que propicia la caída.

Siendo los cambios hormonales un proceso fisiológico en gran medida inevitable, ¿cómo se puede blindar al cabello de sus consecuencias negativas? La mejor estrategia es adoptar unos hábitos lo más saludables posible; proporcionar al cabello los cuidados que necesite, según su tipología; y ponerse en manos del especialista en caso de que el número de cabellos que se pierden sea importante.

 

FOTO: SalFalko

 

 

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