Aunque parece que su “boom” ha disminuido un poco en los últimos tiempos, las extensiones para el pelo llevan varios años reinando en el mundo de la estética capilar hasta tal punto que, más allá de un recurso exclusivamente utilizado por actrices y socialités, se han convertido en un complemento más en los tocadores y fondos de armario de la población femenina. A ello ha contribuido la amplia oferta de este tipo de productos que existe actualmente, la facilidad con que se pueden utilizar (hay sistemas que se colocan en casa sin mayor complicación) y el resultado natural que se obtiene con ellas.

Lo cierto es que las extensiones capilares suponen un recurso favorecedor y muy versátil. Principalmente, permiten pasar del corto al largo en cuestión de minutos, añadir volumen capilar a los cabellos más finos, aportar “glamour” a los estilos más anodinos e incluso camuflar las zonas despobladas a causa de una pérdida de cabello.

Sin embargo, el mal uso y, sobre todo, el abuso de estos productos pueden tener efectos negativos para la raíz del cabello, llegando en último extremo a producir o favorecer la caída de pelo por usar extensiones. La razón de este daño en el cuero cabelludo es que en ocasiones colocar la extensión supone tirar excesivamente de esta zona, lo que a su vez inflama el folículo piloso, lo que tiene como consecuencia la formación de un cabello de peor calidad. Este efecto, mantenido en el tiempo, puede hacer que en determinadas zonas el nuevo pelo nazca muy pobre, débil y con escasa densidad, dando incluso lugar a la aparición de áreas despobladas. Es lo que se conoce como alopecia de tracción que, afortunadamente, es reversible.

Por eso, para utilizar adecuadamente las extensiones sin comprometer el buen estado del cuero cabelludo y prevenir la alopecia que este complemento capilar puede producir lo primero que hay que hacer es recurrir a productos de buena calidad, que se coloquen y se quiten con facilidad y con el menor “sufrimiento” posible para el cuero cabelludo.

Asimismo, si habitualmente se usan extensiones u otros estilos que impliquen “tirar” excesivamente del cuero cabelludo (moños, mini-trencitas) es fundamental poner en marcha todas las estrategias necesarias para fortalecer el cabello y evitar así los efectos colaterales de estos estilismos. La dieta juega aquí un papel fundamental, ya que los nutrientes llegan directamente y se depositan en el folículo piloso a través del torrente sanguíneo, así que hay que llevar una alimentación equilibrada, en la que no falten vitaminas como la B (directamente relacionada con la fortaleza capilar) y minerales como el hierro, el magnesio y el cinc, que juegan un papel clave en la salud del bulbo capilar.

De la misma manera, usar cosméticos que protejan el cuero cabelludo y lo compensen del desgaste que puede suponer el uso habitual de extensiones y evitar agresiones “extra” (tintes inadecuados, decoloraciones, abuso de planchas) son pautas que deben seguirse en estos casos.

 

 

 

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