“Si te cepillas muy fuerte favoreces la caída”, “las personas con pelo seco padecen menos alopecia”; “lavarse mucho el cabello hace que éste se caiga más”… Estos son solo algunos ejemplos de las ideas erróneas que existen sobre la caída capilar. Y es que si uno se fía de las creencias populares y de los numerosos falsos mitos que se transmiten a través del boca a boca, se llegaría a la conclusión de que nada es bueno para el pelo y que cualquier gesto, aún el más inocente, puede dar al traste con la melena más voluminosa.

Ante todo, las cosas claras: la causa principal de la mayor o menor predisposición a que se caiga el cabello es la herencia genética, tal y como han demostrado las numerosas investigaciones realizadas al respecto. Se considera que la alopecia es genética cuando uno o varios miembros de la familia han perdido el pelo. Sin duda se trata de un hándicap pero también de una circunstancia a la que se puede sacar partido, ya que permite tomar cuanto antes las medidas preventivas necesarias para retrasar y ralentizar esta caída.

Relacionado con esto, hay otra creencia muy extendida según la cual la alopecia es cosa de personas (sobre todo, hombres) de mediana edad. No hay más que darse una vuelta por cualquier pueblo o ciudad para confirmar que hay muchas personas que lucen calvicie a los 20 años.

Una de las falsas ideas sobre la alopecia más extendidas es la de que la frecuencia del lavado del cabello está relacionada con su caída. Es falso, ya que el pelo que se cae con el lavado se encuentra ya en fase de caída, lo que hace que esté suelto en el folículo, es decir, se va a caer de todas formas, se lave la cabeza muy a menudo o no. Es más, en determinados tipos de cabello, como los grasos y con caspa, la falta de lavado puede incluso favorecer el proceso de caída, ya que la caspa y la grasa pueden, literalmente, asfixiar el folículo piloso, dañándolo y favoreciendo que se desprenda.  Lo mismo ocurre con los cepillados y determinados estilos de peinado: salvo que estos sean muy agresivos, la tracción realizada sobre el folículo no es suficiente para arrancar los cabellos que se encuentran en fase de crecimiento.

Los factores que pueden incidir directamente sobre el comportamiento del ciclo capilar, tales como el otoño o la fase en la que se encuentre la luna, por ejemplo, también han dado lugar a un buen número de creencias erróneas sobre la caída capilar. Por ejemplo, no es cierto que el otoño en sí mismo propicie la caída del pelo (de forma similar a lo que ocurre con las hojas de los árboles), sino que la fase telógena, o de caída, del ciclo capilar suele coincidir con los meses de agosto y septiembre, que se corresponden en el calendario con la llegada del otoño.

Y hay más ideas erróneas que habría que empezar a erradicar: rasurarse la cabeza hace que el pelo crezca más fuerte; llevar sombrero acelera o provoca la calvicie; los fijadores producen alopecia…

 

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