A
menudo se oye hablar de ella y su nombre siempre sale a relucir cuándo se
aborda el tema de cómo afrontar la calvicie. Pero, en cierta medida, la alopecia
areata
sigue siendo una gran desconocida. Médicamente, se
define como una enfermedad que afecta a los folículos pilosos (las áreas de la
piel en las que se “fabrica” el cabello). Se sabe que es una enfermedad
autoinmune aunque se desconoce su origen. Las investigaciones realizadas al
respecto han confirmado su componente genético
y apuntan a que en las
personas que tienen esta predisposición, determinadas circunstancias (virus,
factores medioambientales) pueden desencadenarla.

En
este sentido, los estudios más recientes apuntan a que determinadas situaciones
de estrés
(separarse de un ser querido o adaptarse a un nuevo
colegio o comunidad) pueden desencadenar este tipo de alopecia, sobre todo en
el caso de niños y adolescentes.

La
principal seña de identidad de la alopecia
areata
, también conocida como alopecia universal, que es
la que la diferencia de otros tipos de pérdida de pelo, es que produce una
caída capilar en parches, fundamentalmente en el cuero cabelludo, aunque
también puede afectar a otras zonas como la barba, las cejas, las pestañas o
incluso el pelo de brazos y piernas
.
Las calvas que deja son muy características: tienen el tamaño de una
moneda pequeña, son lisas y redondas y pueden adquirir un tono melocotón. En
algunos casos pueden aparecer pústulas e ir acompañadas de sensación de ardor o
picazón.

Los
expertos coinciden en que la evolución de la alopecia areata es imprevisible ya
que varía mucho según el paciente y las circunstancias en las que se produce.
Puede remitir espontáneamente para volver a hacer acto de presencia al cabo de
un tiempo. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, el pronóstico es
bueno y el cabello vuelve a salir al cabo de un año en aproximadamente el 80%
de los casos.

A
la hora de encontrar cómo afrontar la calvicie que produce este tipo de
alopecia, Svenson recomienda ponerse en manos de profesionales que,
mediante un adecuado examen capilar, determinen si la pérdida de cabello se
debe a una alopecia areata o se trata de otro tipo de problema.

En
cuanto al tratamiento, lo más habitual es recurrir al uso de corticoides,
fármacos que reducen la hinchazón y el dolor. Se aplican mediante inyecciones
en la piel, oralmente (en pastillas) o aplicados en la piel en forma de crema o
loción
. También se puede emplear minoxidil,
aplicado de forma tópica. Este fármaco actúa estimulando el crecimiento de
nuevos cabellos y retardando la caída. Está
especialmente indicado en los casos de alopecia androgenética, pero ha
demostrado también su eficacia en el tratamiento de la alopecia areata.

Para
minimizar los efectos de la pérdida de pelo producida por este tipo de alopecia
es importante tomar medidas como usar filtro solar en las zonas en las que
aparecen calvas y cubrir el cuero cabelludo con gorros o pañuelos.

 

 

 

 

 

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