La pérdida de pelo es la seña de identidad más característica de la calvicie, pero ni todas las alopecias son iguales ni los motivos que las desencadenan son los mismos. Entre los tipos de alopecia más frecuentes destacan tres: la androgenética, la areata y la difusa. Conocer a qué tipo corresponde la pérdida de pelo y sus causas es un factor clave para encontrar el tratamiento más eficaz.

El tipo de calvicie más común es la alopecia androgenética, que afecta en mayor o menor medida a la mayoría de los hombres. Su característica principal es la pérdida progresiva de pelo en la zona de las entradas. Se estima que el 90% de los hombres mayores de 21 años presenta signos de alopecia en esta zona y que una vez cumplidos los 40 años, el 50% de los hombres tiene despoblada la zona de la coronilla. La alopecia androgenética tiene su origen en una enzima, la 5-alfa-reductasa, y en una hormona, la dihidrotestosterona. Como consecuencia de la acción conjunta de ambos factores se produce una reducción de los folículos pilosos que a su vez favorece que las membranas del cuero cabelludo se vuelvan rígidas y que se altere el funcionamiento de las glándulas sebáceas. El resultado: los cabellos nuevos nacen más débiles y finos de lo normal, lo que desencadena la aparición de este tipo de alopecia.


Otro tipo de calvicie frecuente es la alopecia areata. De hecho, y según datos de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), hasta un 1,7% de la población experimentará un episodio de este tipo de alopecia a lo largo de su vida. Se manifiesta en forma de una pérdida de pelo en zonas concretas (normalmente en forma de parches circulares, del tamaño de una moneda pequeña), fundamentalmente del cuero cabelludo, pero que también puede presentarse en otras partes del cuerpo. Las causas por las que se produce van desde la genética hasta el estrés, pasando por determinadas enfermedades y factores de tipo ambiental.

Los casos en los que la pérdida del cabello no se traduce en una calvicie total sino en una escasez y mala calidad del pelo existente (se vuelve lacio y adelgaza su grosor) suelen corresponderse a una alopecia difusa, en la que la pérdida de pelo está desencadenada por problemas endocrinos (las alteraciones de la tiroides, por ejemplo); los efectos secundarios de ciertos medicamentos (anticonceptivos, fármacos para enfermedades psiquiátricas…)  y estados de malnutrición.

En cuanto a la alopecia femenina, la causa más frecuente es el paso del tiempo, que hace que el pelo se vuelva más frágil, débil y fino. También está relacionada con la  etapa de la menopausia, debido principalmente a los efectos de las alteraciones hormonales que se dan en este momento y que afectan tanto al ritmo de crecimiento del cabello como al estado del mismo.

Independientemente de la causa y del tipo de alopecia de que se trate, lo más importante es consultar con un especialista en cuanto se empiece a percibir una caída del cabello mayor a la habitual, ya que cuanto antes se aborde el problema, mejor.

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